Las áreas protegidas de Guatemala marginan a los verdaderos protectores

La creación de áreas protegidas ha permitido salvaguardar algunos de los últimos bosques de Guatemala, pero al mismo tiempo está amenazando los medios de vida de las mismas personas que durante generaciones mantuvieron estos reservorios de gran diversidad biológica.

“El estudio enfatiza la importancia de nuevas reglas de acceso y exclusión a los recursos forestales que están redefiniendo los sistemas ecológicos del altiplano guatemalteco”, dijo Anne Larson, investigadora principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y coordinadora de un número especial sobre reformas de la tenencia forestal publicado originalmente en la revista Conservation and Society.

Las prácticas tradicionales de manejo forestal de las comunidades indígenas han mantenido la tasa de deforestación en la región del altiplano guatemalteco cercana al uno por ciento al año, cifra inferior al promedio nacional de 1,46 por ciento, según el estudio realizado por Silvel Elías de la Universidad de San Carlos en Guatemala.

Pero las organizaciones ambientales, tanto internacionales como nacionales, preocupadas de que la presión social lleve a una mayor tala de los bosques, han impulsado la creación de reservas forestales que prohíben las actividades que sustentan los medios de vida de estas comunidades, como la recolección de leña o el pastoreo de ovejas.

Incluso la aprobación de una ley diseñada para darle mayor participación a la población local en el manejo de estas áreas no ha logrado aliviar las tensiones. Esto se debe a que con frecuencia el poder de los gobiernos locales choca con los derechos históricos y consuetudinarios de las comunidades indígenas, según el estudio.

Estudios en el mundo han demostrado que a pesar de las reformas de tenencia de la tierra llevadas a cabo con el objetivo de darle mayor control sobre el manejo forestal a la población local, los gobiernos con frecuencia limitan el rol que las comunidades pueden desempeñar.

Algunos investigadores han criticado a los proyectos de conservación por haber desplazado a las poblaciones locales o restringido su acceso a los recursos, aunque otros estudios demuestran que el problema es menos frecuente de lo que se alega.

Vía: Barbara Fraser | CIFOR

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