Pequeños agricultores paraguayos aprenden a mejorar sus ingresos cuidando al ambiente

Librada González acomoda con esmero los productos de su huerta en dos grandes canastos para llevarlos al mercado municipal de Caaguazú, a unos 20 kilómetros de su chacra, en la comunidad de Cantera Boca, en el este del país.

Para llegar, deberá caminar un kilómetro para esperar un ómnibus que la acerque hasta el mercado. La ida es cansadora, pero el regreso es satisfactorio, porque vuelve con las ventas: unos US$20 a la semana. “Podemos comprar algunas cosas de consumo y los útiles para la escuela”.

La de Librada es una de las más de 3.000 familias beneficiadas con un fondo de inversión para la producción del Proyecto de Desarrollo Rural Sostenible (Proders) del Ministerio de Agricultura (MAG), con el apoyo técnico y financiero del Banco Mundial, por un monto de 37,5 millones de dólares.

El proyecto se implementa en los departamentos de San Pedro y Caaguazú y está dirigido a pequeños agricultores con menos 20 hectáreas de tierra (en promedio tienen 5 hectáreas cada uno) en 61 microcuencas de comunidades campesinas y 73 comunidades indígenas.

Las inversiones se usan para comprar semillas de maíz, poroto o maní (para la producción y el consumo familiar), para comprar equipos y herramientas menores; y para mejorar la infraestructura que usan en la cría de gallinas y cerdos.

Otro de los desafíos es guiar a las familias para que pasen de las prácticas agrícolas actuales a estrategias sostenibles, que mejoren la gestión de los recursos naturales y reduzcan la pobreza rural.

Se prevé que otras 5.000 familias se sumen al Proyecto, para llegar a más de 8.000.  El objetivo final es llegar a 12.000 familias que cultiven productos diversificados de manera sostenible.

Vía | Banco Mundial

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