Manglares cubanos gritan de sed

En la década de 1960, el gobierno de Cuba consideró que el almacenamiento de agua dulce para enfrentar sequías y huracanes era un asunto de seguridad nacional, y comenzó a represar ríos. Esa política tiene hoy una víctima impensada: los manglares, que ya no pueden atajar el avance de las marejadas.

El mar se tragó el viejo camino que comunicaba la playa de Batabanó y la de Mayabeque, en el sudoeste de Cuba. En los últimos 50 años se perdieron más de 100 metros de tierra. El debilitado manglar, que recibe agua dulce a cuentagotas, no pudo evitarlo.

“Los mangles se deterioraron tanto que, en 2008, el huracán Ike empujó el mar un metro y medio costa adentro y ya no volvió a salir. Ha seguido avanzando”, describe Flora Yau, vecina de Surgidero de Batabanó, a IPS.

Este pueblo del municipio de Batabanó, en la provincia de Mayabeque y unos 70 kilómetros al sur de La Habana, está cansado de anegarse con cada viento que sopla del sur. Lo más brutal aquí es la pérdida de terreno por la erosión. En algunos lugares el retroceso es de casi dos metros por año, y hay sitios ya sumergidos, como Punta Bujamey.

La debilidad de los manglares obedece en primer lugar a que no les llega como antes el agua dulce, represada tierra adentro, dice a IPS la investigadora y bióloga Leda Menéndez. “Los embalses cortan la circulación natural del agua”.

El manglar, que constituye 20 por ciento de los bosques de esta isla caribeña, necesita la unión y el movimiento constante de agua dulce y salada para desarrollarse, explica Menéndez.

La mayoría de los ríos cubanos están represados. En total hay 969 presas, según datos del estatal Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos. Este vasto almacenaje de agua dulce obedece a una política de los años 60, cuando el gobierno consideró que se trataba de un asunto de seguridad nacional que permitiría enfrentar sequías y huracanes.

“En algunos sitios, si queremos que el manglar prospere, hay que darle un poco de agua de las presas”, propone Menéndez. Es un paso ineludible para fortalecer los bosques costeros, dice, que funcionan como escudo protector de la vida en tierra firme ante desastres naturales y otros fenómenos meteorológicos vinculados al cambio climático.

Además de la falta de agua dulce, estos ecosistemas que ocupan 4,8 por ciento del territorio cubano, se están transformando por la construcción de canales y diques, la tala, el sellado de los suelos y la contaminación industrial.

Vía: Ivet González | IPS Noticias

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