Economía limpia al rescate del mayor humedal caribeño

Las 18 comunidades de la cubana Ciénaga de Zapata, el mayor humedal del Caribe insular, han vivido tiznadas de carbón y sobrevivido de la abundante caza y pesca. Pero eso ya no es posible en tiempos de cambio climático.

Años atrás era impensable que los hombres y las mujeres de esta Reserva de la Biosfera, en el occidente de Cuba, dejaran de explotar el bosque para elaborar carbón vegetal, extraer maderas preciosas o cazar cocodrilos y venados.

De manera espontánea, emprendedores de este territorio pantanoso exploran iniciativas limpias de ecoturismo, cría de animales y pequeños huertos, poco usuales en este lugar de cazadores, pescadores y recolectores.

Una larga fila de pobladores de Playa Girón, Playa Larga, Caletón y otros lugares costeros del humedal colgaron carteles de “Rooms for rent” o “Se rentan habitaciones” en sus viviendas.

Apenas 9.300 personas habitan en los 4.322 kilómetros cuadrados de Ciénaga de Zapata, el municipio más despoblado del país. Sus riquezas están en los extensos bosques, pantanos que cubren 1.670 kilómetros cuadrados, y más de 165 especies migratorias y autóctonas, como el cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer).

En 2000, la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró al humedal, que ocupa toda la península de Zapata y sus zonas aledañas, como Reserva de la Biósfera. Un año después la Convención sobre Humedales, conocida como Ramsar, lo incluyó en su lista de aquellos con valor internacional.

La Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas, tiene puntos débiles para enfrentar su futuro, aunque sea el humedal mejor conservado de las islas caribeñas, dijo Alfonso. Sus cuencas de aguas superficiales y subterráneas se han salinizado, sus paisajes se fragmentaron y persisten desbalances en el funcionamiento ecológico.

Tampoco se eliminó totalmente la tala, caza y pesca furtiva de especies protegidas, como el cocodrilo cubano, en peligro de extinción, ni los hornos de carbón vegetal en lugares vedados y con base en maderas prohibidas como el mangle.

Para mejorar la protección del humedal, el gobierno cubano lo inscribió en 2003 para que sea reconocido por la Unesco como Patrimonio Natural de la Humanidad.

Vía: Ivet González | IPS Noticias

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