¿Está funcionando la certificación forestal?

La certificación forestal es considerada como una herramienta prometedora para mejorar la gestión de los bosques, pero se necesita una sólida evaluación de una gama compleja de factores con el fin de establecer su verdadero valor para las partes interesadas, asegura un nuevo análisis.

La certificación es un esquema basado en el mercado, bajo el cual las empresas o comunidades que gestionan bosques, se presentan voluntariamente a auditorías hechas por inspectores independientes. Si cumplen con los criterios de gestión responsable de los bosques, sus productos de madera pueden portar una marca reconocida, tal como la del principal esquema de certificación, el Forest Stewardship Council (FSC).

Los investigadores analizaron la literatura disponible sobre certificación forestal. Si bien ya se ha recopilado mucha información, encontraron que ninguno de los enfoques que revisaron se parecía a lo que podría considerarse como una evaluación independiente, bien diseñada.

Esto significa que casi todo el conocimiento existente sobre la certificación está potencialmente sesgado por una serie de factores que tienen influencia en porqué y cuando deciden los gestores forestales ingresar al esquema, y donde deciden los científicos realizar su investigación.

Un marco de trabajo para el medir el impacto

Como ejemplo, el trabajo explica que el que haya menos lesiones relacionadas con el trabajo entre los trabajadores forestales – un resultado deseable de la certificación – bien puede ser el resultado de mejores regulaciones de seguridad en vez de la certificación en sí.

Los investigadores han denominado a esta trayectoria destinada a una mejor gestión forestal una “teoría de cambio”. Es un modelo mental que ayuda al evaluador a ver dónde se supone que las actividades específicas van a generar los resultados deseados y la forma en que la certificación interactúa con otros factores.

Si bien el trabajo proporciona los elementos esenciales necesarios para construir una teoría de cambio en cualquier lugar del mundo, advierte a los investigadores que necesitarán seguir un enfoque participativo con las partes interesadas locales, antes que puedan diseñar un modelo con claridad, con el que puedan verificar el impacto de la certificación en el terreno.

Además de esta evaluación de los impactos de la certificación frente a una teoría de cambio esperada, los investigadores también necesitan analizar la calidad del proceso mismo de certificación.

Apuntando a la imparcialidad

Otro reto en la evaluación de la certificación es detectar y evitar los sesgos cuando se eligen zonas de muestra para estudio. Debido a que la certificación es un proceso voluntario, los bosques certificados y no certificados no son asignados aleatoriamente a cada tratamiento, advierte el documento. Las preferencias detrás de la decisión de una empresa para entrar o salir de un esquema de certificación provienen de una gama de factores que también pueden influenciar sus resultados.

Encontrar los puntos de comparación correctos para los científicos que estudian el impacto de la certificación – los denominados contra fácticos – parece ser uno de los principales desafíos para seguir adelante.

Una mayor investigación ayudará a afinar el modelo de evaluación, incluyendo estudios en curso sobre variación en tamaño, experiencia y otras características entre las unidades de gestión forestal, así como también sobre la dinámica que las lleva a unirse o abandonar la certificación y cambios en factores de contexto que afectan la toma de decisiones sobre la gestión forestal.

Vía: Thomas Hubert | CIFOR

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