Las algas compiten por sobrevivir frente a la acidificación del océano

La acidificación del océano provocada por el cambio climático global está alterando la biodiversidad marina, según concluye un estudio sobre la vida en las aguas costeras templadas del noreste del Océano Pacífico al mostrar una reversión de la dominancia competitiva entre especies de algas.

El trabajo, que se publica este miércoles en la edición digital de ‘Ecology Letters’, examina la dinámica competitiva entre las algas coralinas costrosas, un grupo de especies que viven en las aguas que rodean la isla de Tatoosh, en Washington, Estados Unidos.

Estas especies de algas crecen como esqueletos hechos de carbonato de calcio, al igual que otros organismos de concha como los mejillones y las ostras. A medida que el océano absorbe más dióxido de carbono de la atmósfera, el agua se vuelve más ácida, haciendo que algas coralinas costrosas y mariscos tengan dificultades para producir sus esqueletos y conchas.

“Las algas coralinas son uno de los paneles de organismos para el estudio de la acidificación del océano –señala la autora principal del estudio, Sophie McCoy, estudiante de doctorado en el Departamento de Ecología y Evolución en la Universidad de Chicago, Estados Unidos–. Pueden crecer más rápido por al aumento de dióxido de carbono en el agua, pero la acidificación del océano hace que sea más difícil depositar el esqueleto. Es una desventaja importante”.

Los científicos han estado estudiando la isla de Tatoosh, ubicada en el extremo noroeste del estado de Washington, durante décadas, recopilando un rico registro histórico de datos ecológicos. En este estudio, McCoy y Cathy Pfister, profesor de Ecología y Evolución en la Universidad de Chicago, repitieron los experimentos llevados a cabo en la década de 1980 por el biólogo Robert Paine de la Universidad de Washington.

McCoy trasplantó cuatro especies de algas coralinas incrustantes en sitios de prueba para estudiar cómo los océanos de hoy en día han cambiado la forma en que compiten entre sí. En los experimentos anteriores, una especie, ‘Pseudolithophyllum muricatum’, era claramente dominante, “ganando” casi el cien por cien del tiempo frente a otras tres especies.

En la actual serie de experimentos, ‘P. Muricatum’ fue la campeona en menos del 25 por ciento de las veces y ninguna especie resultó dominante. McCoy llamó a este nuevo entorno competitivo “piedra, papel o tijeras dinámicas”, en el que ninguna de las especies tiene una clara ventaja y explicó que, en el pasado, ‘P. Muricatum’ debía su predominio a que era capaz de formar un esqueleto mucho más grueso que otras especies.

Los datos históricos muestran que en la década de 1980 esta especie creció de forma dos veces más gruesa que sus competidoras, pero ahora ‘P. Muricatum’ no goza de esa ventaja. Medidas tomadas en otras investigaciones recientes realizadas por McCoy en ‘Journal of Phycology’ muestran que ahora crece a la mitad de su grosor medio o más o menos igual que las otras especies.

Esta disminución en el espesor y la pérdida de ventaja competitiva es probable que se deba a los niveles de pH más bajos registrados en los últimos 12 años en las aguas alrededor de Tatoosh, una medida de la acidificación del océano. McCoy subraya que es crucial seguir estudiando los efectos de la acidificación de los océanos en un contexto natural, como la isla de Tatoosh en lugar de en el laboratorio.

“La energía total disponible para estos organismos es la misma, pero ahora tienen que usar algo de ella frente a este nuevo estrés -argumenta esta experta–. Algunas especies están más afectadas que otras. Así que las que la necesitan para hacer más tejido carbonato de calcio, como ‘P. Muricatum’, están bajo más estrés que las que no lo hacen”.

Fuente | http://www.europapress.es

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